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De Pirulos, Sanhattan y Parque Arauco

Publicado por , el Jueves 30 de diciembre de 2010   
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Si hay algo gratificante en esto de tener un blog que es leído por mucha gente, es que llega uno a contactarse con personas que de otro modo jamás hubiera conocido o de cuya existencia ni siquiera se hubiera enterado.

Esto fue precisamente lo que me pasó ayer, cuando recibí un mail de alguien que, al parecer, había llegado a El Show de Juanelo a través del Diccionario de Chilenismos del sitio. Se trataba de Luis Alberto Ganderats.

¿Y quién es Luis Alberto Ganderats?

¡Pues nada menos que el creador de las tres palabras que encabezan este post! He aquí su primer mail:

Te escribo para contarte el origen del chilenismo “pirulo”: nació de un reportaje titulado Las Pirulas publicado en la Revista del Domingo de El Mercurio el 6 de enero de 1980, que se refería a niñas/os muy cuicos (palabra que nacería más tarde, dicho sea de paso.) El vocablo lo inventé, para hacerlo divertido, asociándolo al nombre que se le daba y se suele dar todavía al pene infantil. Desde entonces se usa bastante, y a los hinchas de la Católica, por ser considerados cuicos o pitucos por los demás, se les conoce hoy sin agresividad como “los pirulos”.

Naturalmente me interesó saber qué relación había visto entre la clase alta y el pene infantil, a lo que respondió en su siguiente mail:

No vi ni veo ninguna relación entre el pene infantil y la gente “pirula”. La Revista del Domingo era una revista que siempre buscaba una respuesta curiosa, interesada del lector, pues eran 400.000 ejemplares semanales, para públicos muy distintos, niños y viejos, lectores duros de El Mercurio, y lectores de fin de semana, tanto en temas de magazine como ese, o en temas de máxima importancia social. Para eso siempre era necesario utilizar elementos legítimos que provocaran el interés de la gente. En este caso, usé la broma, el juego, la sugerencia ligeramente maliciosa (hasta donde lo permitía la “seriedad” proverbial de El Mercurio.) (…) Hubo polémica, respuestas en programas de TV, en un libro, cuyo prólogo hice a pedido del autor.

He intentado con otras palabras, a lo largo de 40 años, casi siempre sin resultados. O ha resultado sin que me lo propusiera, como el nombre del barrio Sanhattan, que puse también con ironía, en La Nación, sin ninguna intención de que sobreviviera, pues Manhattan es nombre indígena gringo. O con absoluta intención cuando logré -luego de una campaña intensa- cambiar el nombre del Parkennedy por Parque Arauco, puesto que Kennedy no tenía la menor relación con Chile, y Arauco era nombre que debíamos honrar, aunque fuera en un centro comercial que identificaría un barrio, como lo hacen mexicanos o peruanos con sus pueblos originales, sin avergonzarse de su mestizaje (…)

He querido compartir estos correos con ustedes, porque rara vez se tiene la oportunidad de conocer al autor de una varias palabras con las que convivimos habitualmente, y que son parte de nuestra herencia cultural.

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